LA NOCHE DE LAS EXPLOSIONES

LA NOCHE DE LAS EXPLOSIONES
La fundación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) el 28 de septiembre de 1960 resulta un hecho novedoso en la historia de la humanidad. Única por sus dimensiones y diversidad, es motivo de interés para sociólogos y politólogos.
Algunos países intentan imitar la fórmula, pues su estructura es capaz de llegar con inmediatez hasta el último lugar de la nación.
La explosión popular creada en la noche de su creación, fue más fuerte que el ruido de los petardos que indignaron a aquella masa de pueblo concentrada frente al antiguo Palacio Presidencial de La Habana para recibir al Comandante en Jefe Fidel Castro a su regreso de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Él convocó a organizar al pueblo. Quizás en algún instante de su vida había pensado en ello pero, como él mismo expresó, nunca imaginó la tremenda fuerza que representarían los CDR.
Nacieron en el momento oportuno, cuando la lucha de clases se recrudeció a tal punto, que solo el pueblo organizado podía parar la mano a los terroristas y mercenarios pagados por la CIA del Gobierno de los Estados Unidos de América.
Regino Avilés Rodríguez residente en aquella época en el Vedado y quien presenciara el acto del 28 de septiembre, cuenta que alrededor de las nueve de la noche, se escuchó la primera estampida, Fidel miró su reloj de pulsera, el cañonazo de las nueve no era, pero sonó el segundo.
Algunos quisieron ir hacia el lugar de donde venía el ruido, pero Fidel dio la respuesta al reclamo del pueblo de ajusticiar y controlar a los que pretendieron asustar y jugar con aquella masa de humildes que desde hacía 20 meses habían tomado el poder.
Prosigue Regino narrando, que terminado el acto, la orientación fue acudir a cada edificio de apartamento, manzana y hasta los centros laborales a crear de inmediato, con la fuerza revolucionaria existente, los comités de vigilancia colectiva revolucionaria que en pocos meses se convirtieron en los Comités de Defensa de la Revolución, que asumirían las disímiles tareas que había que hacer y que el país no contaba con organismos preparado para ejecutarlas, como las campañas de vacunación y alfabetización, la propaganda revolucionaria y los censos para controlar algunos abastecimientos que comenzaba a escasear producto del bloqueo yanqui.
Hoy las responsabilidades son otras, pero la esencia sigue siendo el defender los intereses del pueblo revolucionario. La estampida se multiplicó y perdura, ahora para seguir Con la Guardia en Alto. Aquellos explosivos que pagó la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ahora se convierten en armas más sofisticadas, difíciles de escuchar o descubrir a simple vista.
Los petardos, de ahora, vienen en paquetes de regalos, mensajes edulcorados, juegos inocentes y promesas tentadoras.
El olfato del pueblo revolucionario tendrá que descubrir el mal olor del veneno o el beneficio de algunas ofertas. Entre las dos opciones habrá un delicado hilo que tendremos que amarrar, con inteligencia, paciencia y convicciones.

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