PARA PRESERVAR LA DIGNIDAD DE LA FAMILIA CUBANA

La mujer cubana de hoy no tiene necesidad de prostituirse. La Revolución Cubana en su lucha por la igualdad social, las hace cada vez más libres, independientes, la prepara para acometer cualquier deseo justo.
En los barrios el trabajo conjunto que desarrollan la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) permite llegar a cada familia para que ésta cumpla el papel que le corresponde en la crianza de los hijos, impregnándole valores morales acorde a la sociedad que construimos, despertar el amor al trabajo honrado y formar individuos solidarios, comprometidos con el proyecto que nos hemos propuesto seguir.
Existe en algunos lugares grupos disfuncionales donde no se logra el objetivo de formar hombres y mujeres de bien. Aunque los casos son pocos, estos crean una imagen distorsionada en los barrios. Algunas personas sin escrúpulo se aprovechan de esta situación para tratar de confundir y luego explotar algunas de estas muchachas, que se desvían del camino correcto que emprenden la inmensa mayoría de las cubanas y cubanos.
No hay tregua en esta lucha donde participan las Comisiones de Prevención y Atención Social en cada Consejo Popular, los médicos y enfermeras de la familia y otras instituciones vinculadas a la comunidad.
Las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia creadas en cada municipio juegan un papel importante en este empeño. En estos lugares se crean espacios para la reflexión y la ayuda personalizada a los casos que acuden solicitándolo. Trabajadores de la Salud, de la Fiscalía y otras instituciones brindan consejos y orientaciones de cómo enfrentar el fenómeno.
En estas casas se ofertan cursos de adiestramiento donde miles de jóvenes, cada año, se gradúan en especialidades como peluquería, trabajador gastronómico, corte y costura, aprendizaje de idiomas, secretaria ejecutiva y recepcionistas, entre otros.
Otro problema ligado al primero es la violencia en todas sus manifestaciones. La que se ejerce contra nuestros niños y niñas, hacia la mujer, en el propio seno familiar que en ocasiones traspasa a las relaciones entre vecinos.
Algunas compañeras por temor o desconocimiento no denuncian las acciones agresivas que se dan dentro y fuera del hogar.
La respuesta a todos estos casos no puede ser con más violencia o amenazas que enturbian la solución. Los encargados de hacer el trabajo profiláctico, con paciencia, inteligencia y la debida preparación realizan un trabajo conjunto, que a mediano o largo plazo da sus frutos.
Para evitar la proliferación de estas conductas se organizan charlas educativas dirigidas a las familias implicadas, barrios debate, muestras audiovisuales y otras acciones que persiguen evitar que surjan nuevos casos, que afectan el buen desenvolvimiento de las nuevas generaciones.
Antes del triunfo de la Revolución se diseminaban en toda la provincia, al igual que en el país, calles completas donde se practicaba la prostitución. Muchachas de familias muy pobres eran seducidas por delincuentes del sexo que las explotaban y obligaban a alquilar sus cuerpos sin distinguir clientes, algunas veces sin atención medica.
La prostitución y otros vicios que la acompañan son lacras que pertenecen al pasado. La violencia es una práctica heredada del capitalismo que no puede convivir en un país que aboga por la paz y la tranquilidad ciudadana.
Todos debemos hacer lo que nos toca. La familia como máxima responsable de la educación de sus hijos; la escuela, el consultorio, el gobierno local y las autoridades. Y como parte del pueblo revolucionario la Federación de Mujeres Cubanas y los Comités de Defensa de la Revolución dos organizaciones muy pegadas a las gentes. El 90 por ciento de la población adulta pertenecen a ellas. Sus activistas voluntarios y cuadros profesionales, de forma anónima, hacen mucho a favor de erradicar la situación. La realidad demuestra que cuando en una barriada se unen estos factores los resultados son favorables.

Por suerte el actual proyecto constitucional en su artículo 67 nos expresa:
191. El Estado atribuye a las familias, concebidas como células básicas de la sociedad, responsabilidades y funciones esenciales en la educación y formación de las nuevas generaciones y el cuidado y atención a los adultos mayores. Y en el artículo 71 afirma:
199. La violencia familiar, en cualquiera de sus manifestaciones, se considera destructiva de la armonía y unidad de las familias y resulta punible.

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